El mercado laboral mexicano presenta una dualidad característica: bajas tasas de desempleo abierto que coexisten con elevados niveles de informalidad, subocupación y empleo de baja calidad. Este análisis exhaustivo del panorama del empleo se basa en los datos más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI y los registros administrativos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), ofreciendo una visión integral de las condiciones laborales en México.
Al cierre del cuarto trimestre de 2024, la población económicamente activa (PEA) de México sumaba 61.2 millones de personas, de las cuales 59.5 millones se encontraban ocupadas y 1.7 millones desocupadas. La tasa de participación laboral (porcentaje de la población en edad de trabajar que está ocupada o buscando empleo) se ubicó en 60.3%, cifra que oculta diferencias significativas por género: 76.1% para hombres y 45.8% para mujeres.
Tasas de desocupación y subocupación
La tasa de desocupación abierta nacional fue de 2.7%, una de las más bajas de la OCDE y de América Latina. Sin embargo, este indicador resulta engañoso en un contexto donde no existe seguro de desempleo generalizado y donde la necesidad de generar ingresos obliga a las personas a aceptar cualquier tipo de trabajo disponible, incluyendo actividades informales de muy baja productividad.
La tasa de subocupación, que mide a las personas ocupadas que declaran tener necesidad y disponibilidad para trabajar más horas, se ubicó en 8.2%, equivalente a 4.9 millones de trabajadores. Este indicador revela una demanda laboral insatisfecha que no se captura en la tasa de desempleo tradicional. La subocupación es particularmente alta en el sector agropecuario (18.3%) y en actividades de comercio informal (12.1%).
La tasa de presión general, que combina desocupación con subocupación y personas disponibles para trabajar que no buscaron empleo por considerar que no tenían posibilidades, alcanzó el 14.6%. Este indicador ampliado ofrece una imagen más realista de la subutilización de la fuerza laboral mexicana.
Empleo formal vs. informal
La informalidad laboral constituye el rasgo definitorio del mercado de trabajo mexicano. El 54.3% de la población ocupada (32.3 millones de personas) trabaja en condiciones de informalidad, ya sea en el sector informal propiamente dicho (empresas no registradas) o en empleos informales dentro de empresas formales (sin contrato, sin prestaciones, sin seguridad social).
El empleo formal registrado en el IMSS alcanzó 22.5 millones de trabajadores al cierre de 2025, el máximo histórico. Sin embargo, esta cifra representa apenas el 37.8% de la población ocupada total. Los estados con mayor proporción de empleo formal son Nuevo León (59.2%), Baja California (56.8%) y Chihuahua (55.4%), mientras que Oaxaca (23.1%), Guerrero (25.7%) y Chiapas (26.3%) presentan los menores niveles.
Las consecuencias de la informalidad son múltiples: los trabajadores informales carecen de seguridad social (atención médica, pensión, seguro de riesgos de trabajo), no tienen acceso a créditos de vivienda del INFONAVIT, sus derechos laborales son difícilmente exigibles, y típicamente perciben ingresos inferiores a los trabajadores formales en ocupaciones similares.
Distribución sectorial del empleo
El sector terciario (comercio y servicios) emplea al 63.2% de la población ocupada, reflejando la terciarización de la economía mexicana. Dentro de este sector, el comercio absorbe el 18.4% del empleo total, seguido de servicios profesionales y de apoyo a negocios (7.8%), restaurantes y servicios de alojamiento (6.9%), y servicios de salud y educación (6.2%).
El sector secundario (industria manufacturera, construcción, minería) emplea al 24.1% de los trabajadores. La manufactura por sí sola representa el 16.2% del empleo, con concentración en industrias automotriz, electrónica, alimentos y textil. El auge del nearshoring está generando demanda adicional de empleo manufacturero, particularmente en estados del norte y el Bajío.
El sector primario (agricultura, ganadería, pesca) emplea al 12.7% de la fuerza laboral, proporción que ha disminuido consistentemente a lo largo de las décadas. Sin embargo, en estados como Chiapas, Oaxaca y Guerrero, el empleo agropecuario sigue siendo predominante, frecuentemente en condiciones de subsistencia y alta vulnerabilidad.
Ingresos laborales y salario mínimo
El ingreso laboral promedio de la población ocupada fue de $8,450 pesos mensuales al cierre de 2024. Sin embargo, la distribución es altamente desigual: el 20% de los trabajadores con mayores ingresos percibe en promedio $24,800 mensuales, mientras que el 20% con menores ingresos apenas alcanza $2,100 mensuales. La mediana de ingresos (valor que divide a la distribución en dos mitades) se ubica en $6,800, indicando que más de la mitad de los trabajadores percibe menos que el promedio.
El salario mínimo vigente de $312.41 diarios ($9,372 mensuales considerando 30 días) representa un incremento real significativo respecto a años anteriores. Sin embargo, el 36.6% de la población ocupada percibe ingresos laborales insuficientes para adquirir la canasta alimentaria (índice de pobreza laboral), evidenciando que incluso con empleo, millones de mexicanos no alcanzan a cubrir sus necesidades básicas.
Las brechas salariales por género persisten: las mujeres ganan en promedio 14% menos que los hombres en ocupaciones similares, diferencia que se amplía en niveles gerenciales y profesionales. Las brechas por origen étnico también son significativas: la población indígena percibe en promedio 23% menos que la población no indígena, incluso controlando por nivel educativo y tipo de ocupación.
Empleo por grupos demográficos
Los jóvenes de 15 a 24 años enfrentan condiciones laborales particularmente adversas. Su tasa de desocupación (5.8%) duplica el promedio nacional, y cuando logran emplearse, frecuentemente es en condiciones de informalidad (68%) y con ingresos bajos. La tasa de jóvenes que ni estudian ni trabajan (NiNis) se ubica en 16.4%, con marcada diferencia por género: 6.2% en hombres y 26.1% en mujeres, reflejando la carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados.
Las mujeres en edad reproductiva (25-44 años) enfrentan la llamada "penalización por maternidad": su participación laboral es significativamente menor que la de hombres del mismo grupo etario (56% vs 94%), y quienes trabajan presentan mayor incidencia de empleos de tiempo parcial involuntario. La falta de servicios de cuidado infantil accesibles y las normas culturales sobre roles de género son los principales factores explicativos.
Los adultos mayores de 60 años que continúan trabajando (28% de este grupo etario) lo hacen predominantemente en la informalidad (79%), frecuentemente por necesidad ante pensiones inexistentes o insuficientes. Su vulnerabilidad se acentúa por condiciones de salud precarias y discriminación por edad en la contratación.
Tendencias recientes y perspectivas
El empleo formal registrado en el IMSS ha mostrado crecimiento sostenido durante los últimos tres años, con una creación neta de aproximadamente 650,000 empleos formales anuales. Los sectores con mayor dinamismo han sido manufactura (impulsado por nearshoring), construcción (obras de infraestructura) y servicios financieros y profesionales.
La automatización y la inteligencia artificial comienzan a transformar el mercado laboral mexicano, aunque su impacto ha sido menos disruptivo de lo anticipado. Las ocupaciones más vulnerables son aquellas con alto componente de tareas rutinarias y repetitivas, mientras que las que requieren habilidades socioemocionales, creatividad y adaptabilidad presentan perspectivas más favorables.
Los analistas proyectan que la formalización laboral continuará avanzando gradualmente, impulsada por los incrementos al salario mínimo (que hacen más atractivo el empleo formal), las reformas en materia de subcontratación y los programas de regularización. Sin embargo, alcanzar tasas de informalidad comparables a las de países desarrollados (inferiores al 20%) tomaría décadas al ritmo actual de progreso.
